LA OPORTUNIDAD DE SER VOLUNTARIO CAMBIÓ MI VIDA

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Javier cuenta la historia de su vida en el Diario.es CLM, y pone de manifiesto cómo un voluntariado le cambio la vida, ayudándole finalmente a tener un techo y un hogar, y lo feliz y agradecido que se encuentra tras haber pasado por duros momentos.

"Hola a todos, mi nombre es Javier Bullido y esto que os voy a contar es mi historia: la que un día cambió gracias al voluntariado.

Estuve trabajando durante mucho tiempo en un quiosco vendiendo chucherías, pero ese trabajo lo perdí. Al verme sin él necesitaba sentirme útil por lo que opté por hacer un voluntariado. Como mi familia era muy religiosa, me decanté por ser voluntario en Caritas. Empecé en el 2012 y finalicé mi experiencia en el 2018. Allí conocí a mucha gente de diversas nacionalidades.

Recuerdo todas las funciones y apoyo que ofrecíamos a personas con necesidades económicas y en situación de vulnerabilidad, cada día desempeñábamos tareas diferentes, desde la selección, colocación y repartición de ropa, reparto de comida, jornadas que ofertaban puestos de trabajo a señoras en el ámbito de servicios domésticos, o acompañamiento en la recogida de alimentos donde también ayudaba.

Me daba vida poder ayudar a otras personas que lo estaban pasando igual de mal que yo, y de la misma manera, también puedo agradecer a Cáritas lo bien que me trataron y el apoyo que me ofrecieron: emocional, económico y de alimentos cuando lo necesitaba.

Casualidades de la vida, en Cáritas tenía una compañera que era madre de una participante de CECAP. Esta señora, al conocer mi situación y vida personal, (padres fallecidos y sin otro tipo de vínculo familiar y con una discapacidad intelectual),  me ofreció visitar esta entidad social, donde realizamos una reunión inicial con el presidente de la empresa, Andrés Martínez. En ese momento me había quedado sin vivienda, ya que la casa de mis padres estaba hipotecada y yo no me podía hacer cargo de todos los gastos que conllevaba. Teniendo en cuenta lo que me estaba ocurriendo, CECAP me ofreció la posibilidad de participar con ellos y me ofrecieron los recursos que necesitaba, entre ellos un hogar.

Estuve viviendo durante dos meses en un piso compartido de la entidad, lo que se llama Apoyo Residencial (viviendas tuteladas). Tengo muy buena relación con mis compañeros y con los profesionales de estas viviendas, incluso me invitan todas las navidades a cenar con ellos, ya que, como os he comentado, no tengo familia.

Ya viviendo aquí pude avanzar un poco más en mi autonomía; y es que se me realizó una evaluación de mi especificidad que me dio la posibilidad de vivir de manera independiente en viviendas de baja supervisión (Vida Autónoma con Apoyo). Esto fue toda una aventura, y por supuesto, me animé a continuar capacitándome en objetivos de emancipación.

Me dieron  un hogar. Un piso independiente compartido donde nos visita a diario un educador social, Juan, para supervisar nuestras actividades de la vida diaria y guiarnos en el apoyo que podamos necesitar.

Aquí  he aprendido un montón de cosas:  empoderarme con las tareas del hogar, conocimientos tecnológicos, gestionarme económicamente, disfrutar con mis compañeros de vivienda, acompañarlos y ayudarles en todo lo que les haga falta y, sobre todo, reírme mucho, que la vida son dos días.

Aun así, mis problemas no terminaban. Tenía poco dinero, estaba recibiendo la renta activa de inserción, una prestación económica que se me estaba terminando, me quedaba sin dinero. En ese momento, desde CECAP  me ofertaron un puesto de trabajo: peón de residuos tecnológicos en Los Yébenes. Necesitaba dinero y no tenía otra opción; me aventuré y me fui a vivir allí. Al principio lo pase muy mal, no estaba acostumbrado a vivir en un pueblo y echaba mucho de menos vivir en Toledo. Al final fue una gran experiencia, hice buenos amigos, eso sí, yo seguía pensando en Toledo y en cuanto se me termino el trabajo volví a mi ciudad y encontré otro trabajo, también me ayudaron desde mi entidad. El nuevo trabajo es en NORAUTO, donde continúo y estoy encantado con mis compañeros de trabajo y con las tareas que desempeño de reponedor y mozo de almacén. Han dado luz y color a mi vida, me tratan como si fuera de su familia.

Para finalizar este breve relato de mi vida, solo puedo deciros que me encuentro muy bien, mi estado de ánimo es muy estable. En este momento soy muy feliz y continuo con ganas de conseguir más objetivos de independencia y dar el paso de emanciparme y poder vivir solo. Es algo que me da miedo, son muchos más gastos, y aunque estoy trabajando y muy agradecido, necesito tener una mayor estabilidad económica.

De todas formas, no quiero pensar en un futuro sino en el presente, me siento muy arropado y muy agradecido de las personas que me rodean".

 

Puedes ver la historia de Javier en elDiario.es CLM

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